Mostrando entradas con la etiqueta público. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta público. Mostrar todas las entradas

viernes, 14 de diciembre de 2012

No hay alternativa

El que nace aquí, madura con el espanto, porque de otro modo no sobreviviría. En un momento en que el que puede está obligado a trabajar más y mejor, posiblemente recibiendo menos, aquellos que antes lo han desbaratado prácticamente todo, ahora se crispan con las reformas que se ven obligados a hacer los que están actualmente legitimados para poder intentar salvar los muebles. Como en otra entrada de este blog comenté, no son los recortes los que matan, son la escasez de recursos y la mala gestión, herencia incuestionable de la espantosa izquierda que gobernó este país. En su día, la prodigalidad, el mal cometido de gobierno, la deslealtad territorial (excepto para recibir la pasta), la incapacidad para inspirar la más mínima higiene económica en el ámbito público y financiero, nos enterró y enterrará por algunos años, siempre y cuando esta sociedad asuma ahora el ajuste que se le viene encima. No me considero un "quijote" ni un “masoca”, pero de no aceptar ciertos límites, realmente todo puede empeorar aún más. Aunque nos parezca increíble, lo que está haciendo este gobierno es lo que haría cualquier otro en circunstancias parecidas; es realmente lo preceptivo y reconocido por la mayoría de aquéllos que garantizan nuestra solvencia en circunstancias en que nosotros no podemos asegurarla. Hacernos dueños de nosotros mismos es asumir nuestra responsabilidad, y la  responsabilidad pasa por comprometer la poltrona, y no creo que este gobierno esté haciendo méritos para mantenerla, y no lo hace, porque obstinarse en sostener artificialmente la economía fuera del contexto que estamos viviendo sería un suicidio. Yo no soy quien para dar lecciones a nadie, pero aislar el problema ajustando y dimensionando el ámbito público a lo que actualmente podemos asumir, garantizar la solvencia del sistema financiero, obligar a los virreyes a que se ajusten los machos, y que no dilapiden la pasta que el resto del país les da para evitar la quiebra de su “virreinato”, garantizar la igualdad de derechos y la seguridad jurídica en todo nuestro territorio, puede ser un buen comienzo para salir, poco a poco, de este atolladero.

domingo, 25 de septiembre de 2011

Rub acabará instaurando la Alcabala


          Para mí esta claro, si queremos coger el tren de la recuperación, tenemos que implementar urgentemente las medidas que sean necesarias para estimular nuestra economía, comprometiendo a todos a aquellos que puedan aportar capital e iniciativas para poder reducir el paro y mejorar el producto interior bruto (PIB). No tengo duda alguna que si el estado se hubiera administrado mejor, ahora seríamos capaces de abordar los problemas económicos con mayor facilidad. Gobiernos como el del País de las Maravillas, inmersos en el meollo de la crisis, no pueden eludir la enorme responsabilidad de proveer unas directivas o reformas legislativas, que permitan que la sociedad pueda llevar adelante sus propias iniciativas de progreso y de trabajo, y además, impedir que la administración pueda superar el razonable umbral de gasto y endeudamiento que le permita el PIB, e impedir que pueda dilapidar el erario público, con esa alegría propia de quién maneja los billetes de los demás ignorando la enorme responsabilidad que eso conlleva.  
            Yo no puedo esperar nada de un gobierno como el actual, preocupado exclusivamente en perpetuarse en el poder, y lo más “razonable” que piensan hacer para luchar contra los graves problemas que arrastra la crisis, como el paro, es echar mano  principalmente de los recursos públicos para atajarlo. No me extrañaría nada que el candidato Rub, candidato por pelotas del partido de los “trabajadores”, sucesor de Calceolarios I, tuviera que llegar a instaurar nuevamente la Alcabala, el impuesto que más ingresos producía en la Corona de Castilla, allá por el siglo XIV. Así, no va a haber dinero que llegue, y lo peor de todo, no sólo no va a resolver nada, sino que va a contribuir a que la bola de nieve que acumula la deuda pública no encuentre fin, y la sociedad civil agonice pringando con el lastre que todo esto supone.
            Aunque el paradigma de la ciencia actualmente está puesto en duda, Einstein no decepcionó a nadie, y lo que hacía lo hacía convencido de sí mismo, con una honestidad intelectual impropia de los tiempos que corren. ¡Lean¡ Lean lo que dejó en su pizarra. ¡Je…je….je!!!!.        

sábado, 17 de septiembre de 2011

Racionalizar la Administración es de justicia social.


6 A.M. En el País de las Maravillas miles de esclavos de su trabajo se aferran a las persianas de sus pequeños negocios, coches o furgonetas, para poder sobrevivir, y al mismo tiempo, aportar liquidez a una voraz administración, una administración que durante años los viene observando de soslayo, y una sociedad que en muchas ocasiones no tiene reparo en tildarlos de defraudadores antes que de contribuyentes. Son los autónomos y pequeños empresarios, aquellos que con coraje se aferran a su trabajo para que éste no los deje en la estacada, aquellos que más puestos de trabajo generan y mantienen a largo plazo, aquellos que cobrando solamente el trabajo que realizan, un pequeño despiste puede fácilmente dejarles sin oler el pan de cada día, aquellos que una baja es un hecho irremediable, y recurrir luego a la familia o al amigo para poder cubrir las deudas que se echan encima, es normal.

8 A.M. En el País de las Maravillas miles de “servidores públicos” se ubican en sus guaridas laborales, con sus rostros distendidos por su privilegiado estatus laboral, por esa condición de perpetuidad inalterable, legitimada sobre todas las cosas por una “durísima” oposición, o por cualquier otra condición que la magnánima maquinaria política requiera, por ejemplo, para poder sentenciar una apretada “disputa” política, ganar o perder  unas elecciones, para poder entendernos mejor. La administración pública sigue inexorablemente su camino, no en base a una eficiencia y a un servicio público contrastado, sino, en general, al devenir “placentero” del trabajo que su estatus suele reportar.

10 A.M. Un ejército de privilegiados liberados sindicales y políticos de tercera, normalmente servidores del Partido de los “Trabajadores”, se ubican en cualquier minarete, presencial o virtual, que invite a la “motivación” social contra el gran enemigo del pueblo: los liberales, la “derecha extrema”, el capitalista (el que arriesga la pasta) y el capitalismo en general, la monarquía, la Iglesia, la Bolsa, el especulador malo (el bueno está dispuesto a perder dinero por “la causa”), el Partido del Pueblo (normalmente cualquiera de la oposición “antisocial”), y cualquier otra entidad que no sea la suprema, la del “trabajador”.

            Ni que decir tiene, todos ellos se deben a su amo, a un pródigo gobierno que los unta debidamente para que la agitación social no llegue a su puerta; obviamente, en cualquier otro lugar, dentro de la compleja división de poder que el maravilloso país tiene en diecisiete mil nacioncillas deficitarias, el devenir de algún cambio, propuesto sensatamente para salvar los muebles por algún partido liberal o no, conllevará una agenda de agitación sindical propia del cariz decimonónico que arraiga, por los siglos de los siglos, en el verticalismo sindical que impera en el quimérico país.

 11 A.M. Una pareja de jubilados acaba de echar un “polvo” antológico. El cero y la nada juntos se ciñen en su regazo, y escapar al frío invierno con la congelada pensión y el incremento del coste de la vida no permite otra cosa. El que pretende ser heredero del trono echa un pulso al “rico”, y acaba de recuperar uno de los impuestos más injustos que existen: el de patrimonio. Aunque sea de forma temporal, pagar varias veces por el mismo bien, conseguido con el trabajo y el ahorro de toda una vida, incluso birlándole la pasta al “rico”, no es razonable; sobre todo, como es de sobra conocido, instaurado para pretender que el gobierno esté presentable antes de las próximas elecciones, transfiriendo a quién sea el fiasco generado por sí mismo al haber hecho gala de una manifiesta incompetencia, que han hecho del dinero de todos, que no era de nadie, el hueco más grande de la reciente historia económica de este fascinante país. Los palos de ciego tocaron la piñata, y el caramelo está servido para todos aquellos que aprendieron a vivir de la prodigalidad de un gobierno, que con la manida etiqueta de “lo social”, no ha dejado de soltar billetes con esa alegría propia de quienes nunca han generado uno.

12 P.M. Un currante toma el fresco vislumbrando desde su balcón el perímetro de su calle. A pesar de la tenue luz de las lámparas de bajo consumo, prodigadas frívolamente por la regencia del estado, el tapetum lucidum de las retinas de un grupo de gatos callejeros reciclan mejor la escasa luz, que los “impresentables” los billetes de las retenciones y el IVA que le sisan al proletario. De nada valen los impuestos, si el que los administra desconoce lo duro que cuesta ganarlos. Ni oficio ni beneficio alguno ha sido conocido por el caudillaje de demócratas. La fría ruina en toda regla. Miseria por donde vayas. A pesar de todo, el taconeo de una sublime “hembra”, que se exhibe insinuándose ciñendo a sus turgencias la sedosa prenda oriental que la cubre, hace esbozar una sonrisa irónica al penúltimo hombre del día que pierde su contrato indefinido.

            La conciencia genera monstruos solamente cuando se duerme, y el presi se enchufa un micro enema en mitad de la noche porque no puede ya conciliar el sueño. El canal subliminal del mantra de la “sostenibilidad” ya no pudo liberar su mente de las pesadillas acumuladas entre las tinieblas. Esperar que la providencia se haga cargo del fin ha generado una realidad insostenible. Millones de parados tienen cada vez más dificultades para sobrevivir, y el sueño de una noche de espanto del carismático líder, agoniza entre el estremecedor ruido que genera la cisterna del retrete, después de que el citrato trisódico consumara su efecto.

            No puede ser más burdo el final de este onírico retrato, que refleja la intrahistoria de los sufridos anónimos que cada mañana sostienen con su esfuerzo, además de sus familias, el nutrido dispendio que requiere mantener la preservable condición publica del bucólico País de las Maravillas.