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martes, 26 de marzo de 2013

Finanzas saludables para dummies

Para el que no lo entienda. A unos les “sobra” la pasta y no saben muy bien qué hacer con ella, pero necesitan ponerla a rentar para que su valor no decaiga; a otros les hace falta para poder financiar sus iniciativas de trabajo y de progreso. El sistema financiero permite que la gente que “no necesita” el dinero lo ponga a disposición de quien lo precisa, a cambio de un pequeño beneficio, brindando así la oportunidad de desarrollo a países que de otro modo estarían condenados a la miseria. El sistema financiero es tan importante, que cuando funciona mal, la miseria aparece por doquier. ¿Cuál es el problema? El problema reside cuando un país que tiene que gestionar el dinero prestado por otros lo administra mal, dejando de ofrecer garantías para poder pagar sus deudas, no encontrando luego a nadie que esté dispuesto a brindarle la oportunidad de financiarse. Aquí reside la esencia de la cuestión, y ése es el único abismo que separa realmente a unos países de otros. Unos asumen la ortodoxia económica que les permite ser solventes, y otros parecen ser incapaces de entender que tienen que garantizar el pago de la deuda que contraen cuando piden prestado el dinero que necesitan. Los países de la periferia tienen que asumir las reglas del juego a la hora de barajar los billetes, y cuando la partida no sale a su favor porque no han sabido jugar bien, deje de tener valor el psicodrama que montan dando sentido, e incluso, haciendo rigor de ley, a todo tipo de demagogia para intentar colar o “socializar“ el fiasco a los demás, pretendiendo tensar el juego hasta el límite en que el “crupier” pueda cerrarlo, al percibir que acabará la “diversión” con menos pasta con la que se inició. Así de simple.

sábado, 9 de febrero de 2013

La pota empieza a hervir (Parte II)

      En fin, unas malas fotocopias pueden cambiarlo todo, y aunque rico de repente, o heredero, o mala gente, y donde dije digo, digo Diego, y a río revuelto, ganancia de pescadores, el delirio está servido. Así, sin reparo alguno, entregados a la acreditada “justicia” impartida por los grupos mediáticos, a la oportuna agitación promovida por la demagógica e intelectual y políticamente insolvente izquierda, que nos dejó "en bragas”, y  al albedrío de un gobierno con una incuestionable mayoría, que parece sólo comprometer haciendo pringar con la crisis primordialmente a nuestra sufrida clase media, pretendemos superarnos.
    Tuvimos que llegar a cinco millones de parados para abordar urgentemente las reformas que debían de haberse hecho en un momento más oportuno, intentando evitar que las empresas fueran dejando de brindar oportunidades de trabajo a medida que las dificultades para ofrecerlo eran mayores. Hay algo más, fuera del contexto puramente económico, que condiciona que se traduzca directamente en puestos de trabajo la mejora de las cosas. A mi juicio, la esencia del tema se oculta detrás de un término que fue colándose sigilosamente en nuestra sociedad, y que está malográndolo todo: el desarraigo.
    Cuando yo estudiaba, la educación pretendía algo más que lavar la cara estadísticamente a nuestros políticos, y los aprobados y suspensos iban curtiendo nuestra estima para acercarnos a una realidad futura que nunca se presentó fácil para nadie. Creo que es la primera vez en la historia de nuestro país que una generación nueva no “humilla” intelectualmente a la anterior. ¿Cómo van a poder buscarse un puesto de trabajo muchos jóvenes, si no entienden lo que les dices? ¿Cómo van a superarse cada día si el esfuerzo, la tenacidad y el trabajo duro, es desconocido para muchos? ¿Cómo van a comprometerse en algo más que consigo mismos si viven en un país casi expatriado, enzarzados siempre por su bandera?
    Trabajar como camarero o músico en un festivo, reparar cachivaches cuando en alguna ocasión se requería, ganarnos la vida como podíamos, e incluso pretender pagar con ello los estudios, era para toda mi generación una gran oportunidad. Y así, inmersos en la vida real, alejados de la televisión, el botellón y la discoteca, intentando mejorar un poco cada día sin pretender hacerlo a costa de los demás, llegamos aquí. Brindar oportunidades no basta, es preciso estar preparados para saber aprovecharlas.
    En fin, cuando el pilar educativo no se sostiene, la espiral del desarraigo comienza, desbaratando las escasas oportunidades que una sociedad en crisis comienza a brindar a todos aquellos que ahora desesperadamente lo necesitan.
    Muchos ríos de tinta tendrían que correr para poder explicar lo que realmente nos pasa, pero un modesto blog sólo pretende despertar la curiosidad procurando evitar que no genere muchos problemas, especialmente para el que lo escribe.

miércoles, 9 de enero de 2013

Indigentes. ¿Sí o no?

Evitar la quiebra no es fácil, sobre todo cuando la falta de recursos es un hecho, y en las circunstancias actuales, poner empeño en saldar las deudas contraídas por los excesos económicos consumados anteriormente es muy importante, ya que sin ello dejaríamos de ser solventes como país. ¿Qué es la solvencia? La solvencia no es, ni más ni menos, que la capacidad que tiene un país de mantener su liquidez y de pagar sus deudas a su vencimiento. Ahora somos un reino que no sabe de dónde sacar los recursos para poder hacer frente a sus obligaciones y a todo aquello a lo que nadie quiere renunciar, pero sin una buena administración de lo poco que se tiene, nada será posible. ¿Por qué? Porque si no pagamos las deudas nadie nos fiará un duro para poder disponer de dinero en efectivo y garantizar de alguna manera esas cosas que aquí antes eran normales, pero que ahora casi se han convertido en un lujo, aunque las sigamos pagando todos. Esto no es más que un círculo vicioso, que se convertirá en virtuoso si somos capaces de resolver nuestros problemas con lo que tenemos, siendo obligada la austeridad, la buena administración, las reformas pertinentes para poder sostener el “sistema” y el pago inexorable de lo que debemos.
    Parafraseando a James Allen, las circunstancias no hacen una nación, sino que delatan realmente como es. Un país que no se revela contra la crisis abordándola como una oportunidad para superarse a sí mismo, acabará siendo un país cautivo de su propia indigencia.


viernes, 9 de noviembre de 2012

Una oportunidad


No son las políticas económicas populistas las que a medio y largo plazo mejorarán la situación. Es difícil que la gente pueda entender que las cosas dejaron de empeorar, cuando los únicos índices que se manejan son las cifras del paro y los registros periódicos de la prima de riesgo y de la bolsa. Siguiendo estos índices es imposible analizar con cierta profundidad el estadio de la crisis, e intentar valorar con seriedad el efecto de las medidas que se adoptan para contribuir a reparar la coyuntura económica. Aún así, hay quién sigue apostando sin pudor alguno por las políticas que nos han traído hasta aquí, a este desarraigo económico que nos viene estancando e impidiendo prosperar, haciendo hincapié única y exclusivamente en la deriva de estos “pseudo-índices”. Aumentar el gasto público para paliar la situación, subvencionando y motivando artificialmente la economía, esperando que puntualmente mejore el desempleo al amparo de la socialización del riesgo de cualquier incierta iniciativa de trabajo que se preste, es un error descomunal. Pan para hoy, hambre para mañana. El goloso estómago estatal no puede seguir viviendo a cuenta de generar déficit que inoportunamente puede llegar a dejar de afrontar. Ejemplos tenemos en algún momento de la historia latinoamericana, donde algunos países llegaron a tener un desarrollo impresionante, con una clara tendencia a seguir los pasos de Australia, Suiza, Canadá o de Los Estados Unidos de América, pero con la llegada del populismo y las dictaduras, con políticas destinadas siempre a calmar a la gente en la inmediatez, destruyendo la competencia, ahuyentando la inversión foránea, comprometiendo la innovación, dilapidando el erario público, etc., provocaron un dramático estancamiento. Ese estancamiento arraigó en el ADN de esos países, obligándoles a orbitar permanentemente en una espiral de declive al estar atrapados en una idiosincrasia subsidiada, convirtiéndose en tabú hablar de productividad y de una estructura económica más eficiente, para no desbaratar las pretensiones de espantosos gobiernos que solían y suelen perpetuarse gracias a todo esto, pero que nunca fueron ni serán capaces así de resolver el dilema que curiosamente los acreditan, el dilema de la resolución de la pobreza. Nosotros debemos pagar nuestras deudas, pero es mejor vender patrimonio, racionalizar los gastos y servicios, que freír a la sociedad civil a impuestos para sostener una estructura administrativa y territorial, que al ser imposible de mantener, actúa como un puto lastre que nos ahoga a todos, menos a los que viven muy bien a su cuenta. Está pendiente la reforma estructural para no asfixiarnos en los próximos años, está pendiente mejorar la formación de nuestros jóvenes inculcándoles el compromiso y el esfuerzo en el estudio como pilar básico para que puedan en el futuro hacerse dueños de su propia vida, falta eliminar todo tipo de subvenciones, incentivando la inversión permutando carga impositiva por capital comprometido en la financiación productiva, y falta ese afán de superación en una sociedad que no acaba de creer en sí misma. Afrontar una crisis masiva, como una oportunidad individual y colectiva que cambie el rostro de un país anclado en una gran mentira durante años, es nuestro reto.

sábado, 13 de octubre de 2012

Está en nuestras manos




Cuando era un chaval, oía comentar a mi padre que los problemas económicas siempre se podían superar. Problemas reales eran otros, como los que puede depararnos la salud, donde en ocasiones, poco control tenemos sobre una situación crónica que nos condicionará para el resto de nuestra vida. Se podrá vivir con más o con menos, pero con un mínimo de pudor a la hora de administrar nuestros bienes, de compromiso, esfuerzo y tenacidad, todo es superable. Está en nuestras manos asumir nuestra responsabilidad a la hora de mejorar nuestra propia condición. Ésa es la mejor contribución social que podemos hacer a una comunidad en crisis. Nadie puede esperar a que la providencia le resuelva su situación. Es una obligación moral adquirir la formación o destreza necesaria para poder ubicarnos laboralmente donde la oportunidad nos lo brinda, contribuyendo así a la mejora de las cosas eludiendo la dependencia de los demás. Ésta era la filosofía que acompañó a la mayoría de los jóvenes poco después de la transición. Nadie quería depender de nadie, aunque también es cierto, que la prodigalidad en los subsidios no se daba, y en gran medida me atrevo ahora a señalar eso como parte del problema, y no como una solución. Stay hungry, stay foolish, así terminaba el discurso de Steve Jobs en la Universidad de Stanford en la ceremonia de graduación del año 2005. Discurso memorable, y salvando la distancia, ganar un duro honestamente como sea, pero no deber ni depender de nadie, es la esencia de la verdadera libertad.

domingo, 30 de septiembre de 2012

¡ Abran juego !


Conocimos los PGE (PresupuestosGenerales del Estado), y sin duda alguna, globalmente se aprecia un aumento del gasto que ronda algo más de 5%. Vender la moto de la austeridad parece ser la consigna del gobierno, aunque al sumar lo que interesa mostrar con lo que no interesa tanto, las cuentas son las que son. Podremos engañarnos a nosotros mismos, pero no creo que la avanzada Europa, esa otra Europa seria que no reniega de la eficiencia y del estado de derecho, que suma y resta ajustándose a su capacidad, que mejora las cosas sin comprometer la supervivencia de aquellos que generan riqueza asumiendo el compromiso y el riesgo de sus iniciativas, se deje persuadir. A los “bonistas” o tenedores de deuda, a los inversores foráneos y a todos aquellos que tienen pasta susceptible de invertirse productivamente, nadie les va a engañar, y más allá de lo que yo pueda escribir, el comportamiento de la prima de riesgo es lo que nos va a decir si podemos asumir ese incremento sin que el precio de las emisiones de deuda supere ese nivel inasequible para nosotros. El próximo año rondará un billón de euros lo que deberemos todos los españoles, siendo la partida dedicada a pagar todo eso lo que más se incrementa. Honestamente, las dependencias de un pasado ominoso, tipo ZP, que asume este gobierno, como el pago a los proveedores – iniciativa loable como la que más – , y El Fondo de Reestructuración de Ordenación Bancaria (FROB), se llevan luego la palma. Otras sociedades públicas, de las que no quiero ni pensar, seguirán con su bonita bola de nieve que también tendremos que “licuar”. La emisión de deuda pública para el próximo año se tendrá que incrementar, ya que si no remonta la economía dependeremos de ella para asumir los gastos. En suma, el déficit público se incrementará a pesar de la intención del gobierno de no hacerlo, y para todos aquellos que crean que incrementando el gasto público para motivar nuestra economía puede ser una buena solución, que tomen buena nota, porque la espiral de deuda es finita, y si los mercados no se comportan bien, se comprometerá nuestra liquidez. Si en el ámbito público la suntuosidad pasara a la sobriedad, si del patrioterismo pasáramos a la lealtad, y si facilitaran las cosas a todos aquellos que con su capital asumen riesgos y compromisos para crear esa infraestructura productiva que nos vincule realmente al desarrollo, otro gallo nos cantaría. Pretender hacerlo eludiendo el advenimiento de una sociedad para que asuma su propio futuro prometiéndoles un puesto vitalicio por el que se pelea media nación, es una degollina en vida.

martes, 21 de agosto de 2012

El penúltimo estertor


Aunque tiene su gracia que una persona anónima escriba sobre cosas muy engorrosas, lo cierto es que la tecnología invita al pueblo a escribir sobre lo que le inquieta, lo que vive o lo que sufre. Tengo la terrible sensación de que la gente no es consciente de lo que realmente pasa. Disfrutamos de las vacaciones, los supermercados abren, los músicos tocan, los hospitales prestan sus servicios, las farmacias abren, los funcionarios cobran y los artistas cantan, bailan o pintan. Está claro que he olvidado a muchos, a muchos que el albedrío de la crisis hizo ya papilla, y que, a pesar de las ayudas, van a tener que esforzarse mucho para poder salir de la dura situación en que se encuentran. Si atendemos a parámetros como la fuga de capitales, este país parece que está en guerra, y no lo notamos porque las necesidades financieras de nuestros bancos, curiosamente, están compensadas por la enorme cantidad de pasta que nos presta indirectamente el Bundesbank a través de los programas de compensación de pagos entre las entidades financieras de la eurozona. Empiezo a tener la sensación de que el rescate es inevitable, y que la sutil relación que hasta ahora teníamos con nuestros acreedores, ahora se va a convertir en un entrega total hacia ellos, ya que no somos capaces de generar recursos para poder pagar nuestros excesos del pasado. Tampoco subiendo tasas y asfixiando al ciudadano y al sector privado, no parece resolver nada. A este gobierno no se le puede perdonar que fría a impuestos al ciudadano y al sector privado para salvarle el culo a un sector público que a mi juicio es un auténtico desastre. No han tenido valor para abordar la reforma estructural necesaria que obligaría al sector público a ceñirse a parámetros de sostenibilidad, calidad y racionalidad, propios del siglo XXI, nada de otro mundo, algo tan normal en Inglaterra, Alemania o Francia, y que posiblemente nos diera alguna esperanza para evitar el rescate, ¿o no?. A saber. Nunca me he identificado con este país, siempre me he sentido ajeno a la lógica y a las formas en que nuestro reino gira, donde un monstruo llamado Administración, dirigido por “mutantes” democráticos, manejan la mitad de la riqueza generada, la malgastan con toda impunidad, y nos entregan una factura y una estructura hipertrófica insostenible, a pagar en cómodos plazos de un millón de años para evitar su cierre. ¿De qué me quejo? Solamente mermarán seriamente el nivel de vida de la clase media, a los empresarios y a las empresas que todavía pueden pagar las estrangularán fiscalmente, a los funcionarios les tocará de soslayo, pero a los miles de políticos de pata negra, a los políticos de pacotilla refugiados en condados de fruslería, fundaciones y “empresillas” públicas de bisutería, a los sindicalistas “profesionales” de los dos o tres sindicatos de clase, a los partidos “democráticos” de todo pelaje, no les faltará de nada. Así nos va,  la poltrona sigue impertérrita, como antaño, inamovible a nuestra cuenta mientras agonizamos como país.

domingo, 12 de agosto de 2012

¿Cumplir o no cumplir?

El ministro alemán de Exteriores veranea en España desde su infancia. En una entrevista hecha por un diario de su país, aparte de mostrar predilección por los pimientos de Padrón, muestra su total convicción de que el presidente español aborda con determinación la crisis, aplicando las reformas necesarias para evitar tener que recurrir a un “rescate”. También está convencido de la solidez de nuestra economía, que aunque no pasa por su mejor momento, tiene todavía pulso para  superar las dificultades en las que está inmersa. Comenta también, que la socialización de la deuda echando mano de la creación de los eurobonos  no es negociable, rompiendo con las expectativas de los gobiernos de Francia, Italia y España, de pretender reducir así la elevada cifra que tiene la “prima” y el pago de intereses de la deuda italiana y española. Aparte del optimismo que muestra el ministro alemán sobre nuestra economía, coincido con él en otra entrada que los “eurobills” para mí no son la solución, ya que, al igual que ocurre con el compromiso del déficit público, tendríamos que estar sometidos a un rigor fiscal, que de no cumplir, nadie se “comería” los bonos. Ésa es la cuestión, ¿cumplir o no cumplir? Aquí está nuestro verdadero problema. A pesar del incremento impositivo, la patología del despilfarro parece seguir acumulando déficit en lo que va de año, y el partido de la oposición sigue cacareando que los recortes están gravando la crisis. Si ni con recortes somos capaces de controlar nuestro déficit, veremos como lo consigue la oposición. Dicen que el descuadre viene dado por un adelanto transferido a la Seguridad Social y a las comunidades autónomas, aunque me gustaría saber cómo las “solventes” comunidades devolverán la pasta, o cómo mejorarán los números rojos de la Seguridad Social si no desciende el paro. En fin, mis mejores deseos para Montoro, pero o recortamos en serio o pringamos con un “rescate”, que, al contrario de lo que mucha gente piensa, no deja de ser otro problema, y no una solución.
Por otro lado, lamento la desidia veraniega a la hora de escribir, y espero mejorar con un mayor incremento de entradas en este blog próximamente. Disfruten de la música estival.

lunes, 30 de julio de 2012

Entre la prima y la subasta.

En la última subasta siguen los inversores demandando bien nuestra deuda, aunque en los bonos de tres y seis meses pagamos un interés superior al anterior, siendo este interés el más alto desde noviembre. Esta última subasta es la primera celebrada después del plan de ajuste del Gobierno, y los mercados no se pronunciarán de nuevo hasta el día dos de agosto, donde se celebrará la próxima subasta de bonos. Es curioso que el “espectáculo de la prima”, que estuvo muy por encima de los 600, trae al gobierno y, sobre todo, a los versados políticos y sindicalistas, recelosos, mirándola cuando se incrementa como si fuera el fin del mundo, poniendo en duda la bondad del “sistema”, ya que “otro es posible” donde esta incertidumbre no moleste y el maná de “los panes y los peces” se prodigue abundantemente con la inquebrantable fe de aquellos que con el viento alternativo se nutren muy bien. En fin, hoy escribo sin vocación, sabiendo de antemano que la prima ahora vuelve al redil de lo “razonable”, porque el explícito apoyo del presidente del BCE a nuestra moneda común y el compromiso de Alemania y Francia a preservar el euro, disipan la desconfianza de aquellos inversores que no están dispuestos a comprar nuestros bonos sin reclamar un mayor interés para compensar los riesgos. Estoy convencido que ahora nos toca a nosotros asumir nuestra responsabilidad, y ante la necesidad de seguir disponiendo de liquidez recurriendo a los mercados, tendremos que adoptar las medidas necesarias para demostrar que la desconfianza que impera en los mismos no es más que una distorsionada percepción de la realidad, y que a partir de ahora sí reduciremos el déficit público, reduciendo el estado, gestionando mejor los servicios y empresas públicas, la sanidad y las autonomías, dejando de subsidiar todo aquello que tienda a socializar los riesgos de cualquier iniciativa privada y terminando con la prodigalidad del subsidio de desempleo, entre otras medidas. Quiero recordar que la prima de riesgo es algo así como el indicador del miedo que tienen los ahorradores a perder su dinero cuando lo invierten, y que son miles de familias, empresas y fortunas, los que invierten en los fondos de inversión de cualquier país del mundo, y que sólo invertirán en todos aquellos países que demuestren que gestionan bien su dinero, de lo contrario, o no lo hacen, o lo hacen a cambio de una cuantiosa suma de intereses. Un amigo del otro lado del charco que pasó unos días en Europa, sentenció: “Europa no se levantará en la vida porque está totalmente subsidiada”. Agudo comentario, que a más de un lector inteligente le dará mucho que pensar. No habrá otro pronunciamiento de las autoridades monetarias para salvarnos el culo, tenemos que actuar ajustándonos a lo que podemos para lograr seguir financiándonos sin que nos tiemblen las orejas entre cada subasta.

viernes, 20 de julio de 2012

A dos velas


En el anterior post escribí sobre la duda de que el estado pueda financiarse a largo plazo, y aunque dejé claro que fue todo un éxito la subasta del martes, la de ayer, jueves, me decepcionó un poquito. Aunque había demanda, el doble de lo que se ofrecía, se colocó a un alto interés. Hay muchas más dificultades para financiarnos a corto y medio plazo que a más de doce meses. Guiándonos por los índices representativos que ahora se manejan, prima de riesgo e índices bursátiles, da la impresión de que las medidas de ajuste adoptadas no tienen efecto apreciable alguno. En fin, si alguien cree que simplemente con anunciarlas darán resultado es que no se entera de nada. Los mercados no se fían, saben que este país esconde una astenia grave, pero hay que reconocer que el índice de paro se mantiene y no se incrementa, y los salarios de los funcionarios y la estructura del estado no han sido tocados de forma relevante. Sí es cierto, que hay millones de españoles que se levantan todos los putos días de sol a sombra para intentar sobrellevar su negocio, recortando sus márgenes de beneficio para que los sueldos de los funcionarios y la gobernalle de este país no pierdan liquidez sustancialmente, y la voracidad del estómago estatal, las “nacioncillas” de pánico, por ejemplo, sigan comiendo casi como si no pasara nada. El gobierno parece que ahora se está tomando más en serio la necesidad de reducir drásticamente el déficit público, o al menos que no se incremente de algún modo, y aunque no ha conseguido detener la tendencia alcista de la deuda pública, es posible que se dé en las próximas subastas un equilibrio entre disponer de demanda pagando un precio relativamente alto, y mantener cierta estabilidad en ese umbral crítico que nos va a permitir tirar precariamente durante este período valle que se está percibiendo, sin un pseudorescate a la española. Con la entrada de España en el euro en el 2001, los tipos de interés nunca fueron tan bajos, consiguiendo financiarse el erario público con préstamos sin ninguna dificultad. La cosa cambió a partir del 2008, como también cambiamos nosotros a la hora de abordar seriamente el déficit público y otros compromisos que garantizaban la estabilidad de los intereses de deuda. Sigo insistiendo, si queremos ser dueños de nosotros mismos, es decir, no perder cuotas de soberanía, tendremos que pensar en vivir sin que otros nos paguen la “fiesta”, y adaptar nuestro gasto a nuestras posibilidades reales. Hacer más y mejor con menos dinero, así de simple. Hoy se nos fue de mano la “prima” y pegó un batacazo la bolsa, y el gobierno brama para que el BCE compre deuda. ¿Pseudorescate? ¿Y luego qué? ¿Pretender seguir viviendo cómo hasta ahora? Lo dudo.

martes, 17 de julio de 2012

Enhorabuena, a pesar de todo.


Vivir con la incertidumbre permanentemente es una temeridad. Tener que cruzar los dedos para que en el  incierto devenir de cada subasta nuestros bonos no se conviertan en papel mojado es realmente un poco triste. El desatino administrativo parece intocable. Hubo una necesaria reforma financiera, hubo una necesaria reforma laboral, existen muchas otras cosas que hay que tocar, pero que ahora parece que nadie se atreve a hacerlo, pero lo que no es de recibo es que la tan necesaria reforma estructural acabe siendo un tímido ajuste presupuestario con un recargo impositivo realmente severo, y con el alevoso propósito de acudir al rescate de algunas comunidades autónomas aportando liquidez emitiendo deuda pública por un valor de 12000 millones de Euros para evitar su suspensión de pagos, volando sobre todo ello un desajuste del déficit tan bonito como el que se piensa corregir ahora. El gobierno les pide simplemente un tímido ajuste y la promesa de que devolverán la pasta, pero se fía tanto de ellas que ha optado por asumir directamente la deuda, pagando con el dinero de todos los españoles, esperando que la providencia se haga cargo del fin sin que la rebeldía de los “reinos” nos deje sin blanca. En fin, yo creo que nadie va a ser capaz de poner fin al despropósito del gasto que supone el delirio autonómico y la gobernalle de bisutería, valorado en “oro puro”, que es lo que se embolsan todos aquellos que viven muy bien a su cuenta. Pero, ¿qué puede suceder el día en que el mercado deje de comprar nuestra deuda? Exacto, ¿qué pasaría si esos especuladores “malos” que ahora la compran dejaran de hacerlo y nos dieran la espalda?  Hoy estamos de enhorabuena. Afortunadamente hemos colocado miles de millones en emisiones de letras a 12 y 18 meses con una notable rebaja de intereses, y la subasta a 12 meses ha sido a un interés muy por debajo de la subasta celebrada en junio. Lo más bonito es que se ha multiplicado casi por tres  la demanda, y eso para mí es algo que dice mucho sobre el éxito de esta última subasta, a pesar de que la “prima”, el pseudoíndice de moda, sigue con mucha fiebre. A pesar de que tengo la impresión personal de que el gobierno no quiere coger el toro por los cuernos para evitar que las comunidades dejen de ser un lastre para el ciudadano, considero que está trabajando relativamente bien. El ajuste aplazando la paga extra de Navidad a los funcionarios es realmente una muestra de que están hilando fino con los problemas de liquidez que el estado tiene en este momento. Otros ya lo hicieron peor en mejores circunstancias, y el “sindicalismo” y el partido “de los trabajadores” ni mu. En fin, no quiero ser ave de mal agüero, ni quiero crear miedos innecesarios, pero sería interesante que la gente reflexionara sobre la hipotética falta de liquidez del estado para poder abordar el gasto que supone alimentar ese voraz estómago estatal que socaba nuestros bolsillos. Con menos estado nos iría mucho mejor.

jueves, 21 de junio de 2012

Gris


Europa tendrá que dejar de acoger a extraños animales de compañía, o asumir que siempre van a dejar de cumplir lo que se les dice, no por mala fe, sino porque su frívola  naturaleza se lo impide. El perfil de Europa no suele coincidir con el de los países de la periferia. Será difícil que Grecia, aunque apueste por Europa, deje de ser realmente un problema. España lleva camino de cronificar sus males, y ahora, aunque esté a la altura el gobierno de lo que se requiere para salvar puntualmente la situación, lo cierto es que hay que hacer mucho más. Existen problemas que todavía siguen asintomáticos, pero de no poner remedio, arruinarán de nuevo nuestra economía y nuestra paz social. Demasiados jóvenes con una patética formación por el arraigo de un discutible sistema educativo, incapaz de inculcarles el compromiso y el esfuerzo como base indispensable para asumir la responsabilidad de ser dueños de sí mismos. Incapacidad manifiesta para reducir una estructura estatal que es una autentica ruina, anclada en dar cobijo a una increíble cantidad de “distinguidos” que no podrían vivir nunca mejor de otra cosa, por eso se vuelve irrenunciable. Escasa capacidad para poner en cintura las megalomanías de poder de numerosos caudillitos, que suelen disputar su elección a golpe de talonario público con justo reparo en el gasto que asumen, prodigando lo que haga falta para superarse a sí mismos, que deberían de estar muy agradecidos con nuestra simpática Europa, porque a estas alturas todavía no se han enterado de que el origen de nuestro mal es más político que económico. Muchos años de democracia con un continuo desgüeve, donde lo bueno de una sociedad lo comprometieron, por acción u omisión, todos aquellos en los que la gente había depositado su confianza. Por si fuera poco, aquí tenéis al que superará a ZP, ya que pretende mover la locomotora como lo hizo él, pero con el dinero de toda Europa: Hollande. Lean,lean...

sábado, 17 de septiembre de 2011

Racionalizar la Administración es de justicia social.


6 A.M. En el País de las Maravillas miles de esclavos de su trabajo se aferran a las persianas de sus pequeños negocios, coches o furgonetas, para poder sobrevivir, y al mismo tiempo, aportar liquidez a una voraz administración, una administración que durante años los viene observando de soslayo, y una sociedad que en muchas ocasiones no tiene reparo en tildarlos de defraudadores antes que de contribuyentes. Son los autónomos y pequeños empresarios, aquellos que con coraje se aferran a su trabajo para que éste no los deje en la estacada, aquellos que más puestos de trabajo generan y mantienen a largo plazo, aquellos que cobrando solamente el trabajo que realizan, un pequeño despiste puede fácilmente dejarles sin oler el pan de cada día, aquellos que una baja es un hecho irremediable, y recurrir luego a la familia o al amigo para poder cubrir las deudas que se echan encima, es normal.

8 A.M. En el País de las Maravillas miles de “servidores públicos” se ubican en sus guaridas laborales, con sus rostros distendidos por su privilegiado estatus laboral, por esa condición de perpetuidad inalterable, legitimada sobre todas las cosas por una “durísima” oposición, o por cualquier otra condición que la magnánima maquinaria política requiera, por ejemplo, para poder sentenciar una apretada “disputa” política, ganar o perder  unas elecciones, para poder entendernos mejor. La administración pública sigue inexorablemente su camino, no en base a una eficiencia y a un servicio público contrastado, sino, en general, al devenir “placentero” del trabajo que su estatus suele reportar.

10 A.M. Un ejército de privilegiados liberados sindicales y políticos de tercera, normalmente servidores del Partido de los “Trabajadores”, se ubican en cualquier minarete, presencial o virtual, que invite a la “motivación” social contra el gran enemigo del pueblo: los liberales, la “derecha extrema”, el capitalista (el que arriesga la pasta) y el capitalismo en general, la monarquía, la Iglesia, la Bolsa, el especulador malo (el bueno está dispuesto a perder dinero por “la causa”), el Partido del Pueblo (normalmente cualquiera de la oposición “antisocial”), y cualquier otra entidad que no sea la suprema, la del “trabajador”.

            Ni que decir tiene, todos ellos se deben a su amo, a un pródigo gobierno que los unta debidamente para que la agitación social no llegue a su puerta; obviamente, en cualquier otro lugar, dentro de la compleja división de poder que el maravilloso país tiene en diecisiete mil nacioncillas deficitarias, el devenir de algún cambio, propuesto sensatamente para salvar los muebles por algún partido liberal o no, conllevará una agenda de agitación sindical propia del cariz decimonónico que arraiga, por los siglos de los siglos, en el verticalismo sindical que impera en el quimérico país.

 11 A.M. Una pareja de jubilados acaba de echar un “polvo” antológico. El cero y la nada juntos se ciñen en su regazo, y escapar al frío invierno con la congelada pensión y el incremento del coste de la vida no permite otra cosa. El que pretende ser heredero del trono echa un pulso al “rico”, y acaba de recuperar uno de los impuestos más injustos que existen: el de patrimonio. Aunque sea de forma temporal, pagar varias veces por el mismo bien, conseguido con el trabajo y el ahorro de toda una vida, incluso birlándole la pasta al “rico”, no es razonable; sobre todo, como es de sobra conocido, instaurado para pretender que el gobierno esté presentable antes de las próximas elecciones, transfiriendo a quién sea el fiasco generado por sí mismo al haber hecho gala de una manifiesta incompetencia, que han hecho del dinero de todos, que no era de nadie, el hueco más grande de la reciente historia económica de este fascinante país. Los palos de ciego tocaron la piñata, y el caramelo está servido para todos aquellos que aprendieron a vivir de la prodigalidad de un gobierno, que con la manida etiqueta de “lo social”, no ha dejado de soltar billetes con esa alegría propia de quienes nunca han generado uno.

12 P.M. Un currante toma el fresco vislumbrando desde su balcón el perímetro de su calle. A pesar de la tenue luz de las lámparas de bajo consumo, prodigadas frívolamente por la regencia del estado, el tapetum lucidum de las retinas de un grupo de gatos callejeros reciclan mejor la escasa luz, que los “impresentables” los billetes de las retenciones y el IVA que le sisan al proletario. De nada valen los impuestos, si el que los administra desconoce lo duro que cuesta ganarlos. Ni oficio ni beneficio alguno ha sido conocido por el caudillaje de demócratas. La fría ruina en toda regla. Miseria por donde vayas. A pesar de todo, el taconeo de una sublime “hembra”, que se exhibe insinuándose ciñendo a sus turgencias la sedosa prenda oriental que la cubre, hace esbozar una sonrisa irónica al penúltimo hombre del día que pierde su contrato indefinido.

            La conciencia genera monstruos solamente cuando se duerme, y el presi se enchufa un micro enema en mitad de la noche porque no puede ya conciliar el sueño. El canal subliminal del mantra de la “sostenibilidad” ya no pudo liberar su mente de las pesadillas acumuladas entre las tinieblas. Esperar que la providencia se haga cargo del fin ha generado una realidad insostenible. Millones de parados tienen cada vez más dificultades para sobrevivir, y el sueño de una noche de espanto del carismático líder, agoniza entre el estremecedor ruido que genera la cisterna del retrete, después de que el citrato trisódico consumara su efecto.

            No puede ser más burdo el final de este onírico retrato, que refleja la intrahistoria de los sufridos anónimos que cada mañana sostienen con su esfuerzo, además de sus familias, el nutrido dispendio que requiere mantener la preservable condición publica del bucólico País de las Maravillas.