Siempre me he preguntado si acumulando cierto nivel de deuda un país pudiera dejar de pagarla. Es cierto que se usa un ratio entre la deuda pública y el PIB para conocer, de forma muy genérica, cuanto tiempo invertiríamos en pagar esa deuda dedicando todos los bienes y servicios generados en un año. Actualmente este ratio está al 90%, o sea, que la deuda acumulada equivale al 90% de los bienes y servicios generados durante un año, es decir, al 90% del PIB (Producto Interior Bruto). Es obvio que no destinamos todo a pagar la deuda, pero es cierto que si el PIB mejora, los impuestos recaudados son mayores, permitiendo hacer frente a la deuda pública con mayor garantía. Me tranquiliza saber que en alguna ocasión hubo países con más del 200 % del PIB en deuda pública (países víctimas de una guerra), y en un plazo muy razonable la dejaron al 50% del PIB. Todo esto parece estar más ligado a nuestra credibilidad en los mercados financieros para poder hacer frente a los pagos de deuda durante un período de tiempo concreto, y a la necesidad de liquidez para poder afrontar gastos puntualmente, que a la posibilidad real de quiebra o insolvencia de un estado. Si mejora la economía aumentará el PIB, y si además se controla el déficit público, mejoraremos notablemente la perspectiva que los mercados tendrán de nosotros para afrontar los pagos de esa deuda pública acumulada.
Imagínense, grosso modo, que una persona llamada Maravillas tiene un PIB de 24000€, es decir, lo que gana en todo el año, y una deuda acumulada de 21600€. El ratio deuda/PIB es de 0,9, es decir, el 90% del PIB, o aproximadamente 11 meses del año para pagarla, dedicando todo el PIB a ello. Además del PIB, tendremos que tener en cuenta el déficit público y los intereses. De forma simplificada, para poder hacernos una pequeña idea de las cosas, si dedicamos ¼ del PIB a pagar la deuda, a un interés del 6% y con un déficit público del 3% anual, necesitaríamos aproximadamente 6 años para pagarla. Si los intereses y el déficit son menores, y además la economía mejora, es decir, aumenta el PIB, el ratio caerá apreciablemente. En fin, espero que excusen mi atrevimiento con el cálculo, pero creo que nuestra imagen como país mejoraría si lográramos bajar el ratio entre deuda y PIB, pero, sobre todo, podríamos hacer líquidos los papelillos con mayor facilidad cada vez que los recursos que demandemos escaseen. Eso creo.
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lunes, 26 de agosto de 2013
miércoles, 14 de agosto de 2013
La fe es una cuestión de confianza
Quien crea que la mentira pueda desaparecer en muchos ámbitos sociales, como los de la política o la justicia, por ejemplo, es un auténtico ingenuo. Muchos filósofos justificaron la mentira en aras de preservar una estrategia o para no comprometer a la diplomacia, pero la necesidad de creer y apoyarnos en un pilar seguro para no zozobrar en la crisis me obligan a aceptar las “contradicciones” del presi antes que confiar en la “verdad” del de Soto del Real y en la línea editorial de El Mundo. Sobre lo que se cuece en las intimidades de los partidos respecto a su financiación, realmente sólo lo saben ellos, pero dudar sobre sus cuentas, sus sobresueldos o gratificaciones, parece que no se le escapa a nadie. De todos modos, la fe es una cuestión de confianza, y mientras esa confianza no sea quebrada por el excelente equipo judicial que lleva el caso, en cuestiones de fe no me meto, y está en ustedes creer lo quieran sobre ello.
Hoy la confianza está en la calle, en esa percepción de mejora económica que nadie puede ahora negar, y que yo percibí de forma inequívoca durante mis vacaciones. Los bares y establecimientos que cerraron el año pasado, abrieron de nuevo. Los comercios trabajaban a todo trapo, y estaban abarrotados de gente. El bullicio de la calle me inspiró una confianza que no puedo describir, y que hacía mucho tiempo que no percibía.
Fuera de mi percepción subjetiva, los datos son los que son. El tesoro público acudirá a los mercados de un modo más relajado de lo que lo estaba haciendo hasta ahora, reduciendo el volumen mensual de emisiones aproximadamente en un tercio, ya que se ha cubierto más del 75 por ciento de las necesidades de financiación de este año. Y aún más, la volatilidad del bono español estuvo casi como la del bono alemán, y esa ausencia de oscilación lo delata como un activo financiero que tiende a la estabilidad haciendo también que el retorno sea más predecible. El IBEX sube y se instala a niveles de máximos anuales, en torno a 8700 puntos, siendo los mercados alcistas los que parecen dominar la situación. La economía alemana tiene, como no podía ser menos, una dirección bien definida, y la periferia europea sometida a cintura no para de ofrecer noticias positivas, como la de nuestra prima de riesgo, que define el diferencial a 10 años respecto al bono alemán, que lleva cayendo hasta niveles del 2011, en torno a los 270 puntos básicos. Por si fuera poco, el IPC descendió a la mitad respecto al mismo período de tiempo en el año anterior, y el paro descendió paulatinamente durante los últimos meses, más allá de la estacionalidad acostumbrada. Las medidas tomadas están dando frutos, y no me cabe la menor duda que contribuirán a mejorar mucho más la situación. La necesidad de creer puede ser un síntoma de fuerza o de debilidad, y eso, a mi juicio, dependerá de como nos vayan las cosas económicamente. Lo demás queda en manos de la política de bisutería.
Hoy la confianza está en la calle, en esa percepción de mejora económica que nadie puede ahora negar, y que yo percibí de forma inequívoca durante mis vacaciones. Los bares y establecimientos que cerraron el año pasado, abrieron de nuevo. Los comercios trabajaban a todo trapo, y estaban abarrotados de gente. El bullicio de la calle me inspiró una confianza que no puedo describir, y que hacía mucho tiempo que no percibía.
Fuera de mi percepción subjetiva, los datos son los que son. El tesoro público acudirá a los mercados de un modo más relajado de lo que lo estaba haciendo hasta ahora, reduciendo el volumen mensual de emisiones aproximadamente en un tercio, ya que se ha cubierto más del 75 por ciento de las necesidades de financiación de este año. Y aún más, la volatilidad del bono español estuvo casi como la del bono alemán, y esa ausencia de oscilación lo delata como un activo financiero que tiende a la estabilidad haciendo también que el retorno sea más predecible. El IBEX sube y se instala a niveles de máximos anuales, en torno a 8700 puntos, siendo los mercados alcistas los que parecen dominar la situación. La economía alemana tiene, como no podía ser menos, una dirección bien definida, y la periferia europea sometida a cintura no para de ofrecer noticias positivas, como la de nuestra prima de riesgo, que define el diferencial a 10 años respecto al bono alemán, que lleva cayendo hasta niveles del 2011, en torno a los 270 puntos básicos. Por si fuera poco, el IPC descendió a la mitad respecto al mismo período de tiempo en el año anterior, y el paro descendió paulatinamente durante los últimos meses, más allá de la estacionalidad acostumbrada. Las medidas tomadas están dando frutos, y no me cabe la menor duda que contribuirán a mejorar mucho más la situación. La necesidad de creer puede ser un síntoma de fuerza o de debilidad, y eso, a mi juicio, dependerá de como nos vayan las cosas económicamente. Lo demás queda en manos de la política de bisutería.
viernes, 4 de noviembre de 2011
El mito del desgüeve universal y el crecimiento infinito (Parte I).
El capitalismo no escapa tampoco al borde caótico que enfrenta al hombre desde los albores de su existencia, a la zona de conflicto en la que se ve obligado a sobrevivir buscando un equilibrio entre lo nuevo, la permanente innovación, y lo viejo, el reconfortable sosiego de una estabilidad que no puede perpetuarse siempre. El comportamiento humano gira en función de la libertad y la oportunidad que la vida brinda a cada individuo para poder mejorar su propia condición, estando expuesto este comportamiento al cielo o infierno que el albedrío humano cobija en el interior de cada uno. Esto es economía y mercado desde que el hombre se vio obligado a compartir sus bienes y a diversificar el trabajo, y confundir ahora la estafa y el libre albedrío hipotecario con el ideario que nos permite ser dueños de nosotros mismos, no es muy razonable. El “Desgüeve Universal” es una bonita etiqueta acuñada por todos aquellos que buscan una cabeza de turco con la que pretenden desentenderse de una patología que nos enajenó a todos, y el que más y el que menos, aprovechó la oportunidad histórica que nos brindó el bajo precio del dinero y las escasas garantías para obtenerlo, para superar la eterna miseria cotidiana en la que suele manejarse la “caterva” de “insolventes” como yo, cuando en ninguna otra ocasión los bancos dejaron de mirar con desprecio a los desafortunados esclavos que nunca han ofrecido garantía alguna para reembolsar nada. Individuos, estados e instituciones financieras, en su afán de aprovechar hasta el límite caótico el legendario momento en que la veda del dinero se abrió para todos, promovieron la codicia, y lo más peyorativo de la riqueza en la que una mayoría se acababa de asentar, cortocircuitó el “sistema” haciendo que cayera, situándonos nuevamente en una órbita económica más acorde con lo que realmente podemos asumir. El punto de equilibrio es un limbo caótico que nos obliga, nos guste o no, a unos ajustes periódicos más o menos dulces, dependiendo casi exclusivamente de nuestra actitud frente a la mirada cómplice de algún que otro billete de 500 €.(Continuará)
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domingo, 19 de junio de 2011
Flexibilizar el mercado laboral
Más barato de lo que está ya no se puede ofrecer, es decir, despedir a los trabajadores porque la empresa no es solvente, o no tienen liquidez para poder hacer frente a sus compromisos, es el despido más barato y peligroso que existe. Otro despido es el que exige la situación de una empresa puntualmente, para poder adaptarse a la demanda que tenga para mantenerse a flote, y así campear el temporal sobreviviendo a la espera de que su situación mejore, evitando su desaparición, y contribuyendo a la mejora de la situación económica en general; de poco vale decir que no se ejecuta el despido, porque el gobierne se obstine en no flexibilizar el mercado laboral, si las empresas cierran porque no pueden pagar los salarios. Flexibilizar el mercado laboral no es exclusivamente poder despedir a parte de su plantilla para poder evitar en un momento dado su desaparición, si no que es también permitir que la empresa pueda aumentar su productividad, que pueda acoger una inversión de capital sin comprometer al inversor, que pueda también mejorar sus técnicas de producción, etc. A lo largo del tiempo, las mejoras duraderas en las condiciones laborales de la clase trabajadora no son producto del empecinamiento sindical o estatal, sino de poder mantener la competitividad de la empresa y de que las empresas se disputen a los mejores trabajadores, ofreciendo condiciones laborales y sueldos elevados para comprometerlos en la espiral de crecimiento y productividad que toda empresa necesita para poder mantenerse. De todos modos, debido a la inmadurez en general de empresarios y sindicatos, y, todos sea de paso, al desgobierno que sufrimos y a la escandalosa connivencia sindical con el gobierno, flexibilizar ahora sería muy positivo, incluso presumiendo de que ciertos ámbitos empresariales incurrieran en cierto abuso de la medida para desembarazarse gratuitamente de otros dispendios, y luego, cuando la situación mejore, se podría reajustar las medidas para evitar que a los trabajadores puedan sustraérseles ciertos derechos, que en tiempos de bonanza cualquier empresa puede garantizar.
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