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viernes, 22 de agosto de 2014

No cierren los ojos a su suerte

Ésta no es la Venezuela que vivió ella de pequeña, ésta es la patética Venezuela de Podemos, sí, de aquel Podemos que enmudeció a Venezuela, que la mantiene sumida en la oscuridad y en la miseria, y ahora, aprovechando la desconfianza social hacia los políticos en España, es fuente de inspiración para intentar importar la misma penuria. Su chaval de cuatro años le pregunta si algún día podrá vivir en un país libre, sin la puta tarjeta de mierda para poder echarse algo a la boca en las interminables colas que el impresentable gobierno venezolano administra para alienar al pueblo con la misma miseria que genera. La tragedia venezolana también puede llegar a ser la nuestra si cerramos los ojos a su suerte. Piensen en lo que en España disfrutan a pesar de los contratiempos y dificultades, y en lo que pueden perder con opciones alternativas donde la letra pequeña muestra un recelo sistemático en las instituciones que hoy garantizan a los ciudadanos la preservación de esos valores en los que una sociedad libre, democrática y moderna, se asienta. Échenle una ojeada al vídeo, no tienen nada que perder.

sábado, 13 de octubre de 2012

Está en nuestras manos




Cuando era un chaval, oía comentar a mi padre que los problemas económicas siempre se podían superar. Problemas reales eran otros, como los que puede depararnos la salud, donde en ocasiones, poco control tenemos sobre una situación crónica que nos condicionará para el resto de nuestra vida. Se podrá vivir con más o con menos, pero con un mínimo de pudor a la hora de administrar nuestros bienes, de compromiso, esfuerzo y tenacidad, todo es superable. Está en nuestras manos asumir nuestra responsabilidad a la hora de mejorar nuestra propia condición. Ésa es la mejor contribución social que podemos hacer a una comunidad en crisis. Nadie puede esperar a que la providencia le resuelva su situación. Es una obligación moral adquirir la formación o destreza necesaria para poder ubicarnos laboralmente donde la oportunidad nos lo brinda, contribuyendo así a la mejora de las cosas eludiendo la dependencia de los demás. Ésta era la filosofía que acompañó a la mayoría de los jóvenes poco después de la transición. Nadie quería depender de nadie, aunque también es cierto, que la prodigalidad en los subsidios no se daba, y en gran medida me atrevo ahora a señalar eso como parte del problema, y no como una solución. Stay hungry, stay foolish, así terminaba el discurso de Steve Jobs en la Universidad de Stanford en la ceremonia de graduación del año 2005. Discurso memorable, y salvando la distancia, ganar un duro honestamente como sea, pero no deber ni depender de nadie, es la esencia de la verdadera libertad.

lunes, 9 de abril de 2012

Resulta que nuestro problema es el "Stand by"


Sin tener en cuenta el router, el gasto energético en “stand by” en mi casa es el 4% de la energía total consumida al año. Como no voy a renunciar a mi apreciada comodidad ni a poder recibir o establecer una llamada telefónica en cualquier momento del día, el router lo tendré siempre encendido, y tiene el mismo carácter esta situación que el mantener en espera el frigorífico o el calentador de agua permanentemente. Durante bastantes años de nuestra democracia, a los políticos lo único que les ha preocupado es la posible pérdida de votos, alimentando la demagogia sobre muchas cosas, entre las que se prestaba la energía, ocultando al pueblo lo que implicaría vertebrar la política energética en torno a las bautizadas simpáticamente como “energías alternativas”. Éstas energías son las que están incrementando el llamado “déficit tarifario”, ese “plus” que todo hijo de vecino está obligado a pagar para que las compañías que nos “venden” este tipo de energía no vayan a comprometer un duro con ello. No importa que el delirio “verde” se lleve hasta el infinito, lo único que importa es que el “caudillaje” de demócratas tenga lavada la cara con oxígeno puro en época electoral, y mientras en otros países velan para que el pueblo, incluso los más desfavorecidos, dispongan de una energía barata y de calidad, aquí ya sólo pueden disponer de tan preciado bien los que realmente pueden pagarlo. A mí no me preocupa tener que apagar o no el “stand by” para ahorrar una miseria, a mí me preocupa que en invierno pueda calentarme, o en verano refrescarme, a un precio razonable, gozando de un bienestar que cada día es más difícil de poder disfrutar aquí. Detrás del buen “rollito” de una adecuada “gestión de la demanda”, “políticas de ahorro” y “eficiencia energética”, está la mentalización de que lo único que nos depara el futuro es una escasez energética que ronda la usura, y mientras el déficit tarifario no deje de incrementarse hasta que alcance el nivel de “empleado público vitalicio”, garantizando el estado a ciertas compañías eléctricas su futuro antes que el del ciudadano, aquí no se moverá un dedo. Ofrecer un bien como la energía a un precio que mayoritariamente muchos ciudadanos no podrán pagar es propio de países tercermundistas.