martes, 1 de julio de 2014

Nathan East. America The Beautiful

Sólo nos falta añadir los poemas de Walt Whitman para descifrar el enigma del Nuevo Mundo y a definir América, su democracia atlética....

 

domingo, 29 de junio de 2014

SICAV sí, marxismo no


Presentar a las SICAV (Sociedad deInversión de Capital Variable) como un producto financiero que oculta tras de sí un ventajoso trato fiscal para satisfacer el depravado afán de lucro de todos aquellos que echan mano de ellas es realmente un despropósito. La ignorancia y la demagogia sobre el sistema financiero en la que algunos están sumidos, vendiendo a ultranza que hay una opción alternativa donde el dinero mostrará un rostro amable más allá de que alguien pueda sacar un duro a su propia cuenta, se ha cobrado una víctima. Un miembro del clan de la izquierda más "siniestra" de Europa ha renunciado a su escaño, expiando así sus “pecados” por incurrir en una herejía. Ha pecado vilmente rompiendo el precepto comunista que impide a uno de sus miembros poner a circular su dinero con la pretensión de que allí donde se requiera puedan disponer de él, a cambio, eso sí, de que revierta en su propia cuenta parte de la riqueza que genera. Las SICAV tributan, pero debido a su particular forma de rendir tributación, invitan a los inversores a que pongan a disposición de todos los que lo precisan el capital que les sobra, entre otras cosas, para poder satisfacer finalmente la necesidad de financiación que a cualquier país le urge. En menuda historia nos van a “embarcar” los que siempre ven vileza en el sistema financiero, origen de todo mal en el estrecho y precario imaginario económico de esta izquierda increíble que ahora “amenaza” a Europa. La esencia del sistema financiero es poner a disposición de quienes lo necesitan el dinero que le sobra a los demás. Si el sistema financiero funcionara como esta gente pretende hacernos creer, la miseria sería una institución. Sabiendo de antemano lo que se prepara, os dejo aquí este texto políticamente incorrecto que acabo de esbozar para que nadie me diga luego que no lo he advertido.

sábado, 14 de septiembre de 2013

Se acabó. Adiós, y gracias

    Esto es todo amigos. Se acabó. Gracias por haber comprometido algo de su tiempo en la lectura de este blog. Como ciudadano, libre y anónimo, sólo me queda la duda de saber si un país como éste realmente merece dos líneas más. En fin, otra vez será, pero ya no de este tema.

Gracias.
Iam Salty Blog.

lunes, 26 de agosto de 2013

Sobre la deuda y el PIB

Siempre me he preguntado si acumulando cierto nivel de deuda un país pudiera dejar de pagarla. Es cierto que se usa un ratio entre la deuda pública y el PIB para conocer, de forma muy genérica, cuanto tiempo invertiríamos en pagar esa deuda dedicando todos los bienes y servicios generados en un año. Actualmente este ratio está al 90%, o sea, que la deuda acumulada equivale al 90% de los bienes y servicios generados durante un año, es decir, al 90% del PIB (Producto Interior Bruto). Es obvio que no destinamos todo a pagar la deuda, pero es cierto que si el PIB mejora, los impuestos recaudados son mayores, permitiendo hacer frente a la deuda pública con mayor garantía. Me tranquiliza saber que en alguna ocasión hubo países con más del 200 % del PIB en deuda pública (países víctimas de una guerra), y en un plazo muy razonable la dejaron al 50% del PIB. Todo esto parece estar más ligado a nuestra credibilidad en los mercados financieros para poder hacer frente a los pagos de deuda durante un período de tiempo concreto, y a la necesidad de liquidez para poder afrontar gastos puntualmente, que a la posibilidad real de quiebra o insolvencia de un estado. Si mejora la economía aumentará el PIB, y si además se controla el déficit público, mejoraremos notablemente la perspectiva que los mercados tendrán de nosotros para afrontar los pagos de esa deuda pública acumulada.
Imagínense, grosso modo, que una persona llamada Maravillas tiene un PIB de 24000€, es decir, lo que gana en todo el año, y una deuda acumulada de 21600€. El ratio deuda/PIB es de 0,9, es decir, el 90% del PIB, o aproximadamente 11 meses del año para pagarla, dedicando todo el PIB a ello. Además del PIB, tendremos que tener en cuenta el déficit público y los intereses. De forma simplificada, para poder hacernos una pequeña idea de las cosas, si dedicamos ¼ del PIB a pagar la deuda, a un interés del 6% y con un déficit público del 3% anual, necesitaríamos aproximadamente 6 años para pagarla. Si los intereses y el déficit son menores, y además la economía mejora, es decir, aumenta el PIB, el ratio caerá apreciablemente. En fin, espero que excusen mi atrevimiento con el cálculo, pero creo que nuestra imagen como país mejoraría si lográramos bajar el ratio entre deuda y PIB, pero, sobre todo, podríamos hacer líquidos los papelillos con mayor facilidad cada vez que los recursos que demandemos escaseen. Eso creo.

miércoles, 14 de agosto de 2013

La fe es una cuestión de confianza

Quien crea que la mentira pueda desaparecer en muchos ámbitos sociales, como los de la política o la justicia, por ejemplo, es un auténtico ingenuo. Muchos filósofos justificaron la mentira en aras de preservar una estrategia o para no comprometer a la diplomacia,  pero la necesidad de creer y apoyarnos en un pilar seguro para no zozobrar en la crisis me obligan a aceptar las “contradicciones” del presi antes que confiar en la “verdad” del de Soto del Real y en la línea editorial de El Mundo. Sobre lo que se cuece en las intimidades de los partidos respecto a su financiación, realmente sólo lo saben ellos, pero dudar sobre sus cuentas, sus sobresueldos o gratificaciones, parece que no se le escapa a nadie. De todos modos, la fe es una cuestión de confianza, y mientras esa confianza no sea quebrada por el excelente equipo judicial que lleva el caso, en cuestiones de fe no me meto, y está en ustedes creer lo quieran sobre ello.
Hoy la confianza está en la calle, en esa percepción de mejora económica que nadie puede ahora negar, y que yo percibí de forma inequívoca durante mis vacaciones. Los bares y establecimientos que cerraron el año pasado, abrieron de nuevo. Los comercios trabajaban a todo trapo, y estaban abarrotados de gente. El bullicio de la calle me inspiró una confianza que no puedo describir, y que hacía mucho tiempo que no percibía.
Fuera de mi percepción subjetiva, los datos son los que son. El tesoro público acudirá a los mercados de un modo más relajado de lo que lo estaba haciendo hasta ahora, reduciendo el volumen mensual de emisiones aproximadamente en un tercio, ya que se ha cubierto más del 75 por ciento de las necesidades de financiación de este año. Y aún más, la volatilidad del bono español estuvo casi como la del bono alemán, y esa ausencia de oscilación lo delata como un activo financiero que tiende a la estabilidad haciendo también que el retorno sea más predecible. El IBEX sube y se instala a niveles de máximos anuales, en torno a 8700 puntos,  siendo los mercados alcistas los que parecen dominar la situación. La economía alemana tiene, como no podía ser menos, una dirección bien definida, y la periferia europea sometida a cintura no para de ofrecer noticias positivas, como la de nuestra prima de riesgo, que define el diferencial a 10 años respecto al bono alemán, que lleva cayendo hasta niveles del 2011, en torno a los 270 puntos básicos. Por si fuera poco, el IPC descendió a la mitad respecto al mismo período de tiempo en el año anterior, y el paro descendió paulatinamente durante los últimos meses, más allá de la estacionalidad acostumbrada. Las medidas tomadas están dando frutos, y no me cabe la menor duda que contribuirán a mejorar mucho más la situación. La necesidad de creer puede ser un síntoma de fuerza o de debilidad, y eso, a mi juicio, dependerá de como nos vayan las cosas económicamente. Lo demás queda en manos de la política de bisutería.

lunes, 22 de julio de 2013

Como comer un "marrón"

    Siempre me ha fascinado el amplio sentido común de la “generalidad social”, de esa maravillosa grey, humilde y sencilla, que sufre en silencio los devaneos de la historia, eso que generan los “carismáticos” y simpáticos líderes que alimentan su ego con la megalomanía del poder a cuenta de todos nosotros.
    Pretender salir medianamente bien parado de una crisis pasa siempre por ofrecer lo antes posible información sincera y veraz sobre el “marrón” que se ha cocido, disculpando lo ocurrido, reconociendo los errores y, sobre todo, dar cumplida información sobre el asunto antes de que los rumores se asienten como indiscutibles verdades. Recuperar la credibilidad nunca es fácil, pero para reparar el fiasco se puede empezar por intentar explicar lo que pasa y lo que se pretende hacer para evitar que se repita, apuntalando los primeros resquicios de una renovada confianza.
    Eso es lo que posiblemente hubiera hecho yo, y lo que el sentido común me dicta, pero es difícil que yo incurriera en las inexplicables torpezas que nos suelen brindar los líderes de la manada en este país. Hablando de manada, poner al más macho de todos administrando los billetes es tremendamente arriesgado, ya no sólo porque se lleve él la pasta, sino porque acaba siendo el auténtico líder al manejar cuando quiera, con miserables dádivas, a los que se dejen seducir por el exquisito olor del parné.
    En fin, estoy tan perplejo por lo que pasa en este país que si me lo cuentan no me lo creo, y a su vez, curiosamente, estoy tan intrigado en conocer como acabará el melodrama que no me pierdo ningún capítulo.
    El sentido común de la gente no perdona, y los que se pasan de listos suelen acabar mal, por muy astutos que se crean, aunque haya media nación que se ruborice y la otra que se parta el culo a su cuenta. Es una pena, y quizás ya tarde para una explicación verosímil sobre lo que despacha el “Bar Cenas”, donde ahora sólo abre los domingos para servir platos fríos, como lo demanda toda vendetta que se precie.

miércoles, 17 de julio de 2013

Más de lo mismo

    Es curioso, pero la solución a nuestro grave problema del paro parece ser que pasa por comprometer más dinero de la Europa razonable. En fin, pocos cuestionamos lo que ahora bendicen juntos el gobierno y la oposición, y parece ser que “convencieron” a la Europa solvente de que regando puntualmente con la “pasta gansa” de todos el seco panorama del paro, el trabajo brotará sin más. Nadie piensa en el abono y en los nutrientes básicos que la tierra debe contener para que con el dinero “fácil” se asiente el futuro. De repente, tanto al gobierno como a la oposición les apremia sacarse de encima la lista del millón de parados juveniles, haciendo creer a todo el mundo que con los 6000 millones cualquier cosa es posible.
    En la mayor planicie de ninis de Europa, ese neologismo en el que cabe todo aquel que renuncia a cualquier compromiso y esfuerzo por superar su propia condición, pretendiendo vivir negándose a asumir cualquier iniciativa que les lleve a hacerse dueños de sí mismos, sólo queda la pasta, esa pasta bonita que parece fluir como el viento a pesar de que somos los parias de la comunidad. No vale de nada la pasta sin el compromiso y esfuerzo de una sociedad por superarse a sí misma, y no vale ninguna escuela del Universo para quien se niegue a estudiar. Yo soy tan escéptico como Merkel, y la cultura del trabajo es una cultura de vida, es algo que va más allá de que el estado, el partido o el sindicato, capitalicen un aspecto vital que depende en gran medida de nosotros mismos, del trabajo duro, del compromiso y del esfuerzo, que cada uno de nosotros pueda empeñar para resolver su propia vida. En fin, más de lo mismo.