viernes, 22 de agosto de 2014

No cierren los ojos a su suerte

Ésta no es la Venezuela que vivió ella de pequeña, ésta es la patética Venezuela de Podemos, sí, de aquel Podemos que enmudeció a Venezuela, que la mantiene sumida en la oscuridad y en la miseria, y ahora, aprovechando la desconfianza social hacia los políticos en España, es fuente de inspiración para intentar importar la misma penuria. Su chaval de cuatro años le pregunta si algún día podrá vivir en un país libre, sin la puta tarjeta de mierda para poder echarse algo a la boca en las interminables colas que el impresentable gobierno venezolano administra para alienar al pueblo con la misma miseria que genera. La tragedia venezolana también puede llegar a ser la nuestra si cerramos los ojos a su suerte. Piensen en lo que en España disfrutan a pesar de los contratiempos y dificultades, y en lo que pueden perder con opciones alternativas donde la letra pequeña muestra un recelo sistemático en las instituciones que hoy garantizan a los ciudadanos la preservación de esos valores en los que una sociedad libre, democrática y moderna, se asienta. Échenle una ojeada al vídeo, no tienen nada que perder.

domingo, 10 de agosto de 2014

Economía real o de delirio

En fin, quizás un simpático ejemplo de economía de "demanda" (término que usa el portavoz de Podemos-España para acuñar su "intención" económica) y de delirio sea oportuno para ilustrar la ocasión. ¿Cuba? ¿Venezuela? ¿Corea del Norte? Sí, Venezuela. En Venezuela impera una bonita economía de “demanda” donde la miseria y el hambre se adueñó de la calle.
Este tipo de políticas económicas son las caducas recetas que el carismático líder salvador de Podemos cree que deben de aplicarse aquí para resolver nuestros problemas, negando la evidencia, que las cuentas podrían cuadrar difícilmente, y la espiral de déficit generada nos llevaría a la quiebra.
La prosperidad no viene del viento, ni de aunar el poder económico y político en las mágicas manos de un iluminado mesías, viene del esfuerzo y compromiso que cada uno de nosotros ponga para mejorar su propia condición dentro del mayor grado de libertad económica que nos permitan, pudiendo contribuir así a la prosperidad de todos, incluso de los realmente necesitados, porque así habrá solvencia y recursos para poder atenderlos. Es curioso que donde no hay libertad económica tampoco la hay política, y los de Podemos no ponen reparo al alienamineto social, económico y político, para "salvarnos" de una supuesta quema. Daniel Lacalle los delata con claridad. Por favor, no se pierdan el vídeo, y abrán bien los ojos, porque la economía aplicada por algunos puede llegar a ser una dura experiencia para todos, como la que sufren los venezolanos, por ejemplo.


martes, 1 de julio de 2014

Nathan East. America The Beautiful

Sólo nos falta añadir los poemas de Walt Whitman para descifrar el enigma del Nuevo Mundo y a definir América, su democracia atlética....

 

domingo, 29 de junio de 2014

SICAV sí, marxismo no


Presentar a las SICAV (Sociedad deInversión de Capital Variable) como un producto financiero que oculta tras de sí un ventajoso trato fiscal para satisfacer el depravado afán de lucro de todos aquellos que echan mano de ellas es realmente un despropósito. La ignorancia y la demagogia sobre el sistema financiero en la que algunos están sumidos, vendiendo a ultranza que hay una opción alternativa donde el dinero mostrará un rostro amable más allá de que alguien pueda sacar un duro a su propia cuenta, se ha cobrado una víctima. Un miembro del clan de la izquierda más "siniestra" de Europa ha renunciado a su escaño, expiando así sus “pecados” por incurrir en una herejía. Ha pecado vilmente rompiendo el precepto comunista que impide a uno de sus miembros poner a circular su dinero con la pretensión de que allí donde se requiera puedan disponer de él, a cambio, eso sí, de que revierta en su propia cuenta parte de la riqueza que genera. Las SICAV tributan, pero debido a su particular forma de rendir tributación, invitan a los inversores a que pongan a disposición de todos los que lo precisan el capital que les sobra, entre otras cosas, para poder satisfacer finalmente la necesidad de financiación que a cualquier país le urge. En menuda historia nos van a “embarcar” los que siempre ven vileza en el sistema financiero, origen de todo mal en el estrecho y precario imaginario económico de esta izquierda increíble que ahora “amenaza” a Europa. La esencia del sistema financiero es poner a disposición de quienes lo necesitan el dinero que le sobra a los demás. Si el sistema financiero funcionara como esta gente pretende hacernos creer, la miseria sería una institución. Sabiendo de antemano lo que se prepara, os dejo aquí este texto políticamente incorrecto que acabo de esbozar para que nadie me diga luego que no lo he advertido.

sábado, 14 de septiembre de 2013

Se acabó. Adiós, y gracias

    Esto es todo amigos. Se acabó. Gracias por haber comprometido algo de su tiempo en la lectura de este blog. Como ciudadano, libre y anónimo, sólo me queda la duda de saber si un país como éste realmente merece dos líneas más. En fin, otra vez será, pero ya no de este tema.

Gracias.
Iam Salty Blog.

lunes, 26 de agosto de 2013

Sobre la deuda y el PIB

Siempre me he preguntado si acumulando cierto nivel de deuda un país pudiera dejar de pagarla. Es cierto que se usa un ratio entre la deuda pública y el PIB para conocer, de forma muy genérica, cuanto tiempo invertiríamos en pagar esa deuda dedicando todos los bienes y servicios generados en un año. Actualmente este ratio está al 90%, o sea, que la deuda acumulada equivale al 90% de los bienes y servicios generados durante un año, es decir, al 90% del PIB (Producto Interior Bruto). Es obvio que no destinamos todo a pagar la deuda, pero es cierto que si el PIB mejora, los impuestos recaudados son mayores, permitiendo hacer frente a la deuda pública con mayor garantía. Me tranquiliza saber que en alguna ocasión hubo países con más del 200 % del PIB en deuda pública (países víctimas de una guerra), y en un plazo muy razonable la dejaron al 50% del PIB. Todo esto parece estar más ligado a nuestra credibilidad en los mercados financieros para poder hacer frente a los pagos de deuda durante un período de tiempo concreto, y a la necesidad de liquidez para poder afrontar gastos puntualmente, que a la posibilidad real de quiebra o insolvencia de un estado. Si mejora la economía aumentará el PIB, y si además se controla el déficit público, mejoraremos notablemente la perspectiva que los mercados tendrán de nosotros para afrontar los pagos de esa deuda pública acumulada.
Imagínense, grosso modo, que una persona llamada Maravillas tiene un PIB de 24000€, es decir, lo que gana en todo el año, y una deuda acumulada de 21600€. El ratio deuda/PIB es de 0,9, es decir, el 90% del PIB, o aproximadamente 11 meses del año para pagarla, dedicando todo el PIB a ello. Además del PIB, tendremos que tener en cuenta el déficit público y los intereses. De forma simplificada, para poder hacernos una pequeña idea de las cosas, si dedicamos ¼ del PIB a pagar la deuda, a un interés del 6% y con un déficit público del 3% anual, necesitaríamos aproximadamente 6 años para pagarla. Si los intereses y el déficit son menores, y además la economía mejora, es decir, aumenta el PIB, el ratio caerá apreciablemente. En fin, espero que excusen mi atrevimiento con el cálculo, pero creo que nuestra imagen como país mejoraría si lográramos bajar el ratio entre deuda y PIB, pero, sobre todo, podríamos hacer líquidos los papelillos con mayor facilidad cada vez que los recursos que demandemos escaseen. Eso creo.

miércoles, 14 de agosto de 2013

La fe es una cuestión de confianza

Quien crea que la mentira pueda desaparecer en muchos ámbitos sociales, como los de la política o la justicia, por ejemplo, es un auténtico ingenuo. Muchos filósofos justificaron la mentira en aras de preservar una estrategia o para no comprometer a la diplomacia,  pero la necesidad de creer y apoyarnos en un pilar seguro para no zozobrar en la crisis me obligan a aceptar las “contradicciones” del presi antes que confiar en la “verdad” del de Soto del Real y en la línea editorial de El Mundo. Sobre lo que se cuece en las intimidades de los partidos respecto a su financiación, realmente sólo lo saben ellos, pero dudar sobre sus cuentas, sus sobresueldos o gratificaciones, parece que no se le escapa a nadie. De todos modos, la fe es una cuestión de confianza, y mientras esa confianza no sea quebrada por el excelente equipo judicial que lleva el caso, en cuestiones de fe no me meto, y está en ustedes creer lo quieran sobre ello.
Hoy la confianza está en la calle, en esa percepción de mejora económica que nadie puede ahora negar, y que yo percibí de forma inequívoca durante mis vacaciones. Los bares y establecimientos que cerraron el año pasado, abrieron de nuevo. Los comercios trabajaban a todo trapo, y estaban abarrotados de gente. El bullicio de la calle me inspiró una confianza que no puedo describir, y que hacía mucho tiempo que no percibía.
Fuera de mi percepción subjetiva, los datos son los que son. El tesoro público acudirá a los mercados de un modo más relajado de lo que lo estaba haciendo hasta ahora, reduciendo el volumen mensual de emisiones aproximadamente en un tercio, ya que se ha cubierto más del 75 por ciento de las necesidades de financiación de este año. Y aún más, la volatilidad del bono español estuvo casi como la del bono alemán, y esa ausencia de oscilación lo delata como un activo financiero que tiende a la estabilidad haciendo también que el retorno sea más predecible. El IBEX sube y se instala a niveles de máximos anuales, en torno a 8700 puntos,  siendo los mercados alcistas los que parecen dominar la situación. La economía alemana tiene, como no podía ser menos, una dirección bien definida, y la periferia europea sometida a cintura no para de ofrecer noticias positivas, como la de nuestra prima de riesgo, que define el diferencial a 10 años respecto al bono alemán, que lleva cayendo hasta niveles del 2011, en torno a los 270 puntos básicos. Por si fuera poco, el IPC descendió a la mitad respecto al mismo período de tiempo en el año anterior, y el paro descendió paulatinamente durante los últimos meses, más allá de la estacionalidad acostumbrada. Las medidas tomadas están dando frutos, y no me cabe la menor duda que contribuirán a mejorar mucho más la situación. La necesidad de creer puede ser un síntoma de fuerza o de debilidad, y eso, a mi juicio, dependerá de como nos vayan las cosas económicamente. Lo demás queda en manos de la política de bisutería.